Cómo la acidificación afecta los océanos y su vida marina

Última actualización: octubre 2026

Comprender cómo la acidificación afecta los océanos implica seguir una cadena clara: el mar absorbe parte del dióxido de carbono (CO2) presente en la atmósfera, cambia su química y reduce la disponibilidad de materiales que muchos seres marinos necesitan para construir conchas y esqueletos. El resultado puede afectar a corales, moluscos, redes alimentarias, pesquerías y comunidades costeras.

No se trata de una contaminación visible ni de que el océano se convierta de repente en un líquido ácido como el vinagre. Es un cambio químico gradual, pero relevante, que se suma al calentamiento del agua y a la pérdida de oxígeno en muchas zonas marinas.

Contenido

Qué es la acidificación oceánica y qué significa

La acidificación oceánica es la disminución del pH del agua de mar causada principalmente por la absorción de una mayor cantidad de CO2. Cuando aumenta el dióxido de carbono en la atmósfera, una parte se disuelve en el océano y desencadena reacciones que modifican el equilibrio químico marino.

Acidificar el agua de mar no significa necesariamente que esta pase a ser ácida en el sentido cotidiano. El océano suele conservar un carácter alcalino, es decir, un pH superior a 7. La palabra “acidificación” describe que su pH baja respecto a su valor habitual: el agua se vuelve menos alcalina.

También conviene distinguir este proceso de otros problemas que pueden ocurrir al mismo tiempo:

  • No es contaminación visible: puede no haber residuos, manchas ni basura en la superficie, aunque la química del agua haya cambiado.
  • No es lo mismo que el calentamiento oceánico: el aumento de temperatura modifica las condiciones físicas del mar; la acidificación altera sobre todo su composición química.
  • No afecta solo a una especie: sus consecuencias pueden comenzar en organismos pequeños y extenderse a hábitats, alimentos y actividades humanas.

La cuestión central no es únicamente que disminuya el pH, sino qué ocurre con las sustancias que los organismos utilizan para formar carbonato de calcio. Ese vínculo explica por qué algunos seres marinos son especialmente vulnerables.

Cómo el CO2 cambia la química del agua de mar

El CO2 cambia la química del océano porque, al disolverse en el agua, forma compuestos que liberan iones de hidrógeno. Estos iones reducen el pH y alteran el equilibrio entre bicarbonato e iones carbonato. A escala global, el principal impulsor es el aumento de CO2 de origen humano, asociado sobre todo a la quema de combustibles fósiles.

Del CO2 disuelto a la reducción de iones carbonato

El proceso puede entenderse como un mapa causal de cuatro etapas. No hace falta memorizar fórmulas químicas para captar por qué tiene efectos biológicos:

  1. El dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera se disuelve en la superficie del mar.
  2. Una parte reacciona con el agua y forma ácido carbónico.
  3. Ese equilibrio químico incrementa los iones de hidrógeno y hace que el pH del agua de mar disminuya.
  4. Los iones de hidrógeno se combinan con parte de los iones carbonato, transformándolos en bicarbonato. Por ello, queda menos carbonato disponible.

Los iones carbonato son fundamentales porque muchos organismos calcificadores los combinan con calcio para producir carbonato de calcio. Este material forma las conchas de numerosos moluscos y los esqueletos que sostienen los arrecifes de coral.

Cuando hay menos carbonato disponible, formar o mantener esas estructuras puede requerir más energía o resultar más difícil, especialmente en organismos jóvenes y en entornos donde ya existen otras presiones ambientales.

Por qué el pH por sí solo no explica todos los efectos

El pH es una medida útil del cambio químico, pero no resume por sí solo la situación de cada especie. Dos lugares con un pH parecido pueden presentar distinta disponibilidad de carbonato, temperaturas, niveles de oxígeno, aportes de agua dulce o contaminación por nutrientes.

Por eso, para entender los efectos de la acidificación del océano hay que mirar el conjunto: pH, iones carbonato, condiciones locales y capacidad de cada organismo para tolerar o compensar el cambio. La química abre la puerta al problema; la respuesta biológica determina cómo se expresa en cada ecosistema.

Cómo afecta a corales, moluscos y otros organismos marinos

Los organismos que construyen estructuras de carbonato de calcio suelen estar entre los más sensibles a la acidificación de los océanos. Menos iones carbonato pueden dificultar la calcificación, debilitar la capacidad de mantener conchas o esqueletos y obligar a los seres vivos a destinar más energía a esas funciones básicas.

Corales y arrecifes: menos capacidad de construir estructuras

Los corales constructores de arrecifes producen esqueletos calcáreos que, acumulados durante largos periodos, crean estructuras complejas. Estas estructuras no solo son importantes para el coral: ofrecen refugio, zonas de alimentación y espacios de reproducción para muchas otras especies.

En condiciones de acidificación, los corales pueden tener más dificultades para crecer y recuperarse tras episodios de estrés. Si la construcción del esqueleto se ralentiza o su mantenimiento se vuelve más costoso, el arrecife puede perder parte de su capacidad para conservar una estructura sólida y compleja.

Esto afecta al ecosistema entero. Un arrecife menos desarrollado puede proporcionar menos hábitat y reducir la protección natural que las formaciones coralinas brindan a algunas costas frente al oleaje.

Moluscos y larvas: conchas más difíciles de formar

Ostras, almejas, mejillones y otros moluscos también dependen del carbonato de calcio para desarrollar sus conchas. Sus primeras etapas de vida pueden ser especialmente delicadas, porque las larvas deben formar estructuras protectoras en poco tiempo mientras crecen y encuentran alimento.

Una menor disponibilidad de carbonato no significa que todos los moluscos desaparezcan ni que toda concha se disuelva de igual manera. Sin embargo, puede dificultar el desarrollo, reducir la supervivencia de algunas fases tempranas o aumentar la energía necesaria para formar conchas resistentes. Esto es relevante tanto en ecosistemas naturales como en instalaciones de acuicultura.

No todas las especies responden igual

La vulnerabilidad no es idéntica entre organismos. Algunas especies pueden tolerar mejor ciertos cambios, modificar su comportamiento o compensar parcialmente el desequilibrio químico. Otras son más sensibles según su edad, su capacidad fisiológica o el lugar en que viven.

FactorPor qué cambia la respuesta
EspecieNo todos los organismos usan el carbonato de calcio del mismo modo ni tienen la misma capacidad de regulación interna.
Etapa de vidaHuevos, larvas y juveniles pueden ser más sensibles que individuos adultos.
HábitatLas costas, estuarios y zonas de surgencia pueden experimentar cambios químicos más intensos o variables.
Otros estresoresEl calentamiento, la falta de oxígeno, enfermedades o contaminación pueden reducir la capacidad de respuesta.

Por tanto, la acidificación no produce un único efecto uniforme. Su impacto depende de quién vive en el lugar, qué condiciones enfrenta y si el ecosistema conserva capacidad de recuperarse.

Efectos en peces, cadenas alimentarias y comunidades costeras

La acidificación puede afectar a peces y mariscos que consumimos, aunque muchas veces lo hace de forma indirecta. Los peces no dependen necesariamente de una concha o un esqueleto externo calcáreo, pero sí dependen de presas, refugios y hábitats que pueden cambiar.

De las especies vulnerables a la red alimentaria

Las redes alimentarias marinas conectan organismos muy distintos. El fitoplancton y el zooplancton sostienen numerosas cadenas tróficas; moluscos y pequeños invertebrados son alimento de peces; y los arrecifes ofrecen refugio a especies juveniles y adultas.

Si la acidificación afecta el crecimiento, la abundancia o la distribución de organismos clave, el cambio puede propagarse. Por ejemplo, una alteración en moluscos o plancton puede modificar la disponibilidad de alimento para especies que se alimentan de ellos. Del mismo modo, el deterioro de los arrecifes puede cambiar las zonas donde los peces se refugian, se reproducen o encuentran presas.

Esto no permite predecir una única consecuencia para todos los peces. Algunas especies pueden desplazarse, otras podrían verse más afectadas por la pérdida de hábitat, y las respuestas dependerán también de la pesca, el clima y la gestión de cada región.

Pesca, acuicultura y seguridad alimentaria

Las consecuencias ecológicas pueden trasladarse a las personas cuando afectan a las pesquerías, la acuicultura y la disponibilidad de alimentos marinos. Las comunidades costeras dependen de estos recursos para empleo, ingresos, alimentación y prácticas culturales vinculadas al mar.

  • La producción de ostras, almejas y otros mariscos puede enfrentar dificultades si las fases larvarias encuentran agua con condiciones químicas desfavorables.
  • Las pesquerías pueden verse afectadas cuando cambian los hábitats, la disponibilidad de presas o la distribución de especies comerciales.
  • Una menor diversidad o complejidad de los arrecifes puede repercutir en actividades que dependen de ecosistemas costeros saludables.

La acidificación no determina por sí sola la disponibilidad futura de cada alimento marino. El resultado depende de la especie, la zona, el manejo pesquero, la calidad del agua y la capacidad de adaptación de productores y comunidades. Aun así, añade incertidumbre y presión a sistemas de los que dependen muchas personas.

Por qué el impacto cambia según la zona y se agrava con otros problemas

La acidificación no afecta a todos los océanos de la misma manera. Aunque el aumento de CO2 es un fenómeno global, las condiciones locales pueden intensificar, suavizar o volver más variables sus efectos en determinadas áreas.

Las zonas costeras y los estuarios, por ejemplo, reciben aportes de agua dulce, escorrentías terrestres y nutrientes. El exceso de nutrientes puede favorecer procesos que empeoran la calidad del agua y alteran aún más la química local. En algunas regiones, las surgencias llevan a la superficie aguas profundas que ya contienen más CO2, lo que puede crear condiciones especialmente exigentes para organismos sensibles.

La acidificación también actúa junto a otras presiones climáticas. El calentamiento puede causar estrés térmico; la desoxigenación reduce el oxígeno disponible; y la degradación de hábitats limita las opciones de recuperación. Para un coral, una ostra o una población de peces, estos problemas no llegan por separado.

Los ecosistemas con menor diversidad, hábitats degradados o poca capacidad de adaptación pueden sufrir consecuencias más marcadas. Por eso, proteger la calidad ambiental local no sustituye la reducción global de CO2, pero sí puede ayudar a disminuir las cargas adicionales que enfrentan las especies.

Qué se puede hacer para reducir la acidificación oceánica

La medida esencial para reducir la acidificación de los océanos es limitar las emisiones de CO2. Mientras siga aumentando la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, el océano continuará absorbiendo una parte y su química seguirá cambiando.

La respuesta de fondo requiere transformar los sistemas que emiten CO2, con medidas relacionadas con energía, transporte, industria y uso de recursos. Las decisiones individuales no resuelven por sí solas un problema global, pero pueden apoyar ese cambio cuando se combinan con políticas públicas y acciones colectivas.

Al mismo tiempo, la gestión costera puede reducir presiones que agravan la vulnerabilidad local. Entre las medidas útiles se encuentran:

  • Reducir la contaminación y el exceso de nutrientes que llegan desde tierra a bahías, estuarios y zonas costeras.
  • Proteger arrecifes, praderas marinas y otros hábitats que sostienen la biodiversidad y favorecen la recuperación ecológica.
  • Monitorear el pH, los iones carbonato y otras variables de la química marina para orientar la investigación, la gestión pesquera y la acuicultura.
  • Mejorar prácticas de cultivo y planificación en actividades dependientes de moluscos u otras especies sensibles.
  • Reducir la huella asociada al consumo de energía y movilidad, y apoyar políticas que disminuyan emisiones de gases de efecto invernadero.

Las medidas locales son valiosas porque protegen ecosistemas concretos y ayudan a las comunidades a adaptarse. Sin embargo, no reemplazan la acción principal: reducir el CO2 que llega a la atmósfera.

Conclusión

La acidificación oceánica muestra cómo una alteración de la atmósfera puede llegar hasta la base de la vida marina. El CO2 absorbido por el océano reduce el pH y, sobre todo, disminuye los iones carbonato disponibles para fabricar carbonato de calcio. Esa modificación puede dificultar la formación de conchas y esqueletos, afectar a corales y moluscos, y extenderse a redes alimentarias, pesquerías y comunidades costeras.

La idea más importante es que el océano no necesita volverse ácido en sentido cotidiano para que el cambio sea preocupante. Basta con que sea menos alcalino y con que disminuya el carbonato que requieren muchos organismos calcificadores. Además, cada impacto depende de la especie, la fase de vida, el lugar y la presencia de otros problemas, como el calentamiento y la pérdida de oxígeno.

Reducir las emisiones de CO2 es la vía imprescindible para limitar la causa global. A la vez, cuidar la calidad de las costas, vigilar la química marina y proteger hábitats reduce presiones adicionales. Entender esta cadena entre CO2, química, ecosistemas y alimentación permite valorar por qué la salud del océano está estrechamente ligada a las decisiones que se toman en tierra.

Mateo Torres

Mateo Torres

Educador ambiental y creadorde contenido digital. Utiliza las redes sociales y blogs, donde comparte consejos prácticos para reducir el impacto ambiental diario. Desde recetas veganas hasta trucos de reciclaje.

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